En una noche de estrellas negras tu alma se pierde del viento. La rodea el sonido de tus pasos de silencio. Tan oscura que las tinieblas tiemblan en el solsticio de un dios cabalístico al que solo los sufrientes sienten es sus plegarias.
De sus condenados tiene un ser de espasmo una mancha de adoración en un hilo de enjambre que los envuelve convirtiéndolos en lo inevitable de su cansancio.
Inconexos vocablos sin significado al la cotica herrumbre de mi alma oxidada escapan en la melancolía de una noche sin comas ni puntos. Pantomima de mis pensamientos en la cual odio a amor. Lagrimas lloran mi muerte...
La dialéctica exigua se suspende en el ideal de mi llanto. Suelta amarras en la mente de mi interlocutor.
Sombra negra de un día gris, cuando las ataduras se liberan y la fijación Filistea abruma los Hebreos en sus almas despiadadas. Ni el génesis previene a Adán de la manzana, ni la Eva que lo empuja… Solo suspiros en la niebla.
Como la temple de sus huesos los carros cruzan las rojas aguas. Milenios de sedienta sangre los separan de sus captores. Los prometidos huyen a su ruina de futuros arlequines del destino de su mesías. Condenados al eterno en el infierno prometido. La lucha de sus almas a viva voz de los milenios.
Los hijos de Dios, los destructores de Dios.....Dios
Como cenizas se escapan las cúpulas de los santuarios. El alma en pena de un arrullo febril que canta a la noche “No lo matamos, no lo crucificamos, no era nuestro...”
Unas monedas son la muerte de un guardián, el nacimiento de la esclavitud del mundo..
San Pablo se yergue en las tormentas del hombre. Tronos de bronce el pecado de la lepra, las maravillas en cajones, del reino a la promesa. La quema de los antiguos, la madre que llora, el suspiro que calla en una celda de inquisidores en los albores de la racia de almas

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