sábado, 6 de marzo de 2010

Buda, budín y frutigran


La vida es sufrimiento…. Fueron las primeras directivas del “maestro” budista. Vestido de negro divagaba entre las ideas del karma, la dieta (que no practica), la muerte y el sufrimiento. Para usted que es el sufrimiento?, una buena pregunta a la cual ninguno de los presentes teníamos una respuesta concreta. La muerte de un ser querido, la lipo que esta vez no agarró, el vacio de verse solo…. entre tantas otras hipótesis.

-Usted! Que es el sufrimiento?-

- Y… ehhh. El cambio, la vida, la naturaleza. Los acontecimientos son sufrimiento – le dije entre pausada y cansinamente. El juego de a ver que sabe usted no es de mis favoritos. La verdad que un monje japonés te pregunte que es sufrir mientras te duele la espalda por estar mal sentado y los nervios de una buena docena de ojos clavados en tu nariz no es el concepto de comodidad ni filosofía. Igual ni que se jactara, no contesto.

El té verde empezó a circular entre los ahí sentados. . Lucho y el rubio arrinconados entre la encarnación de Mirtha Concheta Legrand y la que viene a comer budín gratis. Marains y yo cómodos contra la pared nos preguntábamos cuanto más duraba la charla entre las risas de un gordo bodoque y los ronquidos de un par de presentes.

-Cuidar el físico es muy importante, no intoxicarse. No matar dos veces la comida..Si? es un concepto muy básico- ya colorado el monje peleaba sus argumentos con un viejo entre uruguayo y alemán que se hacia el intelectual y babeaba cada silaba hasta el hartazgo. Los ojos de Lucho se fijaron acusadores en mi panza…”cuidar el físico” era la critica obvia. Deja de comer, hace ejercicio gordo lechón con tetas….

-Hagan un ejercicio, vayan al banco acá a dos cuadras. Saquen $100 del cajero. Si si el banco Rio que esta acá en plaza de Mayo. Se lo dan al primer tipo echado que vean. Así de simple. Es un concepto básico, si?- silencio de muerte. El maestro había matado a la occidentada sentada en tatamis, todos muy cool, todos new age.

– A ver yo hoy fui a comprar una jarrita. Había de dos precios: $12 y $14. Me gusto la de 14 asique fui a pagar. El chico de la caja se confundió y me termino cobrando como si fuera de 12…una cuadra y media después me dio culpa y volví. Le devolví los 2 pesos. Es lo mismo?- Psicóloga, algo loca. Seguro bailaba la música del mundo en los ratos libres entre pacientes. Se ve en la disquisición de perder $100 y trata de compensar con $2. Todo es un concepto…es básico…es imposible… el Karma no se compra señora, usted desenfunde el pavo en la plaza y no joda.

Fuentes blancas de porcelana y plástico se agolpaban sobre las mesas. Budines, galletas y frutigran se repartían entre todos como en la festividad de la pacha mama o el cumple de 5 de mi sobrina. Más de uno fue a comer, más de uno fue a tomar, más de uno fue al gurú, más de uno se come al maestro.

Ya en el receso decidimos escapar. La idea de aventurarnos a la realidad de microcentro era más esperanzadora que una meditación grupal con personajes cocoliches rumiando mantras como quien pide un atado de cigarrillos en un kiosco. Me imaginaba un coro difónico de voces entre graves y chillonas carraspeando palabras en sanscrito. El maestro a la cabeza de la mesa gritando – Si! Es básico! – los acólitos aun angustiados ante la idea de perder $100 por algo que no les explico lo que ya sabían, la vida no es más que sufrimiento. Del bueno, del malo, del incomprensible….

Las 15 cuadras a Brocolino se hicieron interminables. La disertación sobre la veracidad y el ridículo de la pantomima Zen nos tenía arrobados. El rubio estaba elocuente, Marains entre histérica y preocupada con la idea de la soledad e imposibilidad de matar para comer. Lucho navegaba entre la comprensión del Karma y la idea de escapar de las ordenes sectarias budistas.
Yo maldecía mentalmente el desastre de la incomunicación y la poca pericia del monje Japonés, que manera estúpida de cuartar la potencialidad, el descubrimiento….Karma.

Mesa de cuatro, mantel rojo, cuadros del coliseo…las charlas en brazuca, ingles y porteño rodeándonos como mosquitos. Vino, pastas y pollo a la plancha con fritas. La charla rondaba entre la comedia tragicómica y la exposición de códigos. Por momentos la vida de los otros tenía sentido, el rubio nombraba a Clarisse, suerte de personaje bizarro que graba todo lo que se dice para luego apuntar a su amo.

La noche terminaba. El trauma de Marains y su corte de pelo. Lucho y su verborragia frenetice entre gesticulaciones voluptuosas y ravioles de ciervo. El rubio entre mudo y divertido picaba con inteligente sarcasmo toda falla y punto débil para convertirlo en una anécdota con la inconfundible ayuda de Clarisse. Yo rumiaba absorto en pensamientos budistas e historias de vida…
Minutos más tarde mandaba un mensaje de texto en la oscuridad de Av. Alem apenas iluminada por faroles lejanos, infestada de botellas y bolsas de basura. La noche no podía ser más agradable…el 28 no venia. Los negros se revoleaban desperdicios y los transeúntes como muertos deambulaban a sus casas. Perdido entre el Karma, los budines y frutigran buscaba a mi Clarisse para que me explicara la locura de la que acababa de ser testigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario